
A mediados de los años ochenta se crearon en nuestro país los Equipos de Atención Primaria. Por fin se pasaría de una atención sanitaria individualizada a una atención integral en la que se incluía a la familia y a la Comunidad .
Los médicos y las enfermeras, de forma coordinada y con un adecuado apoyo administrativo responderían a las necesidades sanitarias de los pacientes de acuerdo con su entorno familiar y colectivo.
Han pasado más de veinte años de la reforma sanitaria y en ausencia de un marco normativo claro, médicos y enfermeras se han organizado de forma dispar, atendiendo muchas veces a necesidades organizativas corporativas y sin tener en cuenta las necesidades de la población a la que atienden.
La organización del trabajo depende más de las relaciones personales que de cualquier otra cosa. “Se funciona dependiendo de con quien te toque”.
Por otra parte, muchas consultas de enfermería de nuestros centros se centran en atender a un grupo limitado de pacientes con patologías crónicas y a realizar tareas administrativas, mientras la consulta médica sigue siendo la puerta de entrada del paciente para cualquier motivo de consulta.
Las diferentes cargas de trabajo, la diferente asunción de responsabilidad, los distintos modelos organizativos existentes (por tareas, por cupos…) reflejan la existencia de un problema no resuelto en nuestro modelo de Atención Primaria.
Por otra parte asistimos al debate sobre la prescripción farmacéutica de enfermería y a los intentos de algunos servicios de salud de crear la consulta de enfermería para la atención directa de pacientes agudos en base a protocolos previamente consensuados.
¿Es posible organizarse de otra forma en los equipos para satisfacer las necesidades de nuestros pacientes?
¿Estamos atendiendo siempre a los mismos? ¿Cómo lo hacemos? ¿Qué resultados tenemos así?
¿Qué responsabilidades estamos dispuestos a asumir entre todos?